El Sindrome de Salomón o Niño Partido en dos

Jul 11, 2023

¿Las parejas, matrimonios, las uniones son eternos?

Yo creo en las parejas que inician con acuerdos, donde cada uno tiene la libertad de ser y de expresarse, sin ser suprimido o criticado por el otro, creo en la perpetuación de una pareja donde prevalezca el respeto mutuo y el enfoque sea construir, impulsarse, alentarse, proyectarse desde una dualidad armónica, así puedes ir sumando palabras que traducidas en hechos fortalezcan tu relación, así se construye AL INICIO, una sólida base que será el garante de una relación duradera en tanto ambos se permitan trabajar en su armonía y comprensión diaria. Una relación es trabajo y sí lo abrazamos desde el alma se vuelve sutil.

Esos acuerdos que te menciono líneas atrás, tienen que ver con conversaciones diarias que nutran la vivencia, en algunas ocasiones, pasará que esas conversas no serán del todo agradables porque tenemos la libertad de expresarnos, algunos le llaman “conversaciones incómodas” a mí me cautiva llamarle “Diálogos Asertivos desde el SER” y es que cuando tengo la libertad de ser, en mi elección de relación evito escenarios donde los protagonistas son; los gritos, el irrespeto, la desconfianza, las ofensas y así podría agotar estas líneas con miles de palabras que enmarcan una relación forzada y rota.

Hace unos días mi Psicólogo me dijo; “a la pareja, no se le dice estúpido o idiota, ni en juego. Caridad, el subconsciente no sabe de juegos, ni de bromas, esas palabras que ofreces quedan en el alma” Mi madre también nos ha repetido incansablemente que el subconsciente no sabe de juegos, que mi hermana y yo debemos hacer consciencia de las palabras que ofrecemos a otro ser humano porque lo más hermoso de la vida es el respeto.

Salí de esa sesión reflexionando ambas opiniones, la de mi Psicólogo y la de Mamá, es tan cierto; sí lo analizamos racionalmente, cada una de esas palabras rozaron mi alma y me permito pisar fuerte y decirme, es cierto, tu pareja, la mía, la pareja de quién sea, todo ser humano, sea cual sea el rol que cumpla en tu vida, merece todo el respeto posible porque desde allí nuestra comunicación será asertiva, guiada a construir bonito y a reconocernos desde la plenitud de engranar en confianza y seguridad. El respeto en la pareja nos permite reflejarnos en el otro desde la inspiración y así el vínculo se alimenta de momentos sutiles.

El matrimonio es un trabajo a tiempo completo que demanda demasiadas cosas que posiblemente en la pasión del compromiso no se analizan, porque la euforia se encuentra en la cúspide de nuestro sentir y eso nos ofrece una sensación de seguridad y plenitud que limita toda objetividad. Cuando llegan los niños, que pocas veces son planificados, se vienen cambios, se transforma la convivencia y entonces el concepto de pareja se fractura o se fortalece. Todo depende de cuan hábiles sean ambos y el nivel de compromiso mutuo que se ha construido hasta ese instante, entiéndase que el compromiso no es algo que se compra en la farmacia o que se manifiesta de un momento a otro, el compromiso requiere de nuestra atención y enfoque para crecer de forma asertiva.

La llegada de un hijo no es el fin de la privacidad o la relación de pareja, la llegada de un hijo es el fortalecimiento y la manifestación más grande de unión y amor entre dos personas, entonces el trabajo inicia en comenzar a observar y asumir la maternidad y paternidad como una montaña rusa donde vivirás momentos caóticos y momentos que te harán sentir como jamás imaginaste.

Ante este preámbulo, necesario para poder abordar el tema central de manera responsable, se puede decir que llega un momento donde el amor en la pareja o matrimonio ¿se acaba?

El amor, mi estimad@ lector, es como una planta de suculentas, necesita amor a grandes cantidades, atención, necesita que le converses, que le hables de ti, que le escuches en silencio, ese que los humanos ofrecemos sólo cuando nos sentimos incómodos. Entiéndase que sí lo descuidas se marchita y muere. Resulta que cuando nos sentimos seguros de la pareja, parece que la tendencia nos invita a descuidar al otro, le hacemos demasiado caso a la tendencia, esa que es una cortina de humo con un final predecible y fatal, cuando más seguros nos sentimos el uno del otro, es cuando el afecto tiene que ser más intenso, se supone que nos tenemos a plenitud y podemos disfrutarnos sin restricciones.

¿Qué tiene que ver esta introducción con el Síndrome de Salomón o El Niño Partido en Dos?

Mucho, porque si continuamos siendo “neófitos emocionales”, ausentes de nosotros mismos, las estadísticas de este síndrome irán en aumento sin medir las consecuencias. El amor en la pareja puede acabar, esto es válido porque somos seres humanos cambiantes y este tipo de decisiones deben atender a nuestro bienestar y salud mental.  Las relaciones no se acaban por un tercero, se acaban por desgaste, por no prestarnos atención, por suprimir la decisión, por falta de valentía, por no darme prioridad. El tercero es quién detona en muy mala posición un proceso de decisión intenso que debería darse a solas contigo mismo, el tercero se lleva no un premio, sino el caos de una relación evasiva y de rebote, el tercero se lleva las facturas afectivas pendientes de alguien que eligió no sanar sino colocar sal y pimienta a heridas abiertas.

El amor en la pareja se transforma, sin embargo, no estamos preparados para este escenario y es materia de otro artículo, cuando ya no siento inspiración y admiración por mi pareja, cuando el sentir ya no me detiene el corazón y no me genera ese frío en el estómago, que otros llaman “mariposas” y que a veces son solo gases producto de una severa indigestión (por esto elegimos mal y eso está bien, porque cada relación fallida es una extraordinaria oportunidad de aprendizaje) Cuando miró al otro con irá o con miedo, es momento de emprender la retirada y sí tenemos hijos esa retirada debe ser desde una posición de madurez plena, siendo responsable de mí, del escenario completo, observando que un paso en falso puede partir a mi hijo en dos.

El Síndrome de Salomón es el conjunto de alteraciones, emociones y sentimientos que acontecen en un niño cuando sus padres eligen separarse y darles entrada en el huracán, muchas veces no se mide el impacto de los escenarios, se apuesta por estar en un “hogar” sin amor “por los niños” y resulta que en muchos casos es preferible que Papá y Mamá sean responsables consigo mismos, elijan otro destino que les permita a ambos ser felices y desde allí ofrecer una mejor calidad de vida a sus niños. Los niños perciben cuando las relaciones no dan para más, saben cuándo sus padres no están bien, los adultos nos hacemos películas en la mente como mecanismos de defensa para justificar una relación que ya venció y que no tiene una base sólida.

Cuando la separación no es de mutuo acuerdo, papá y mamá preparan dos campos de batalla, diseñados puntualmente para herirse e imponer un “Liderazgo Aberrante” olvidando por completo que en medio del caos, los dardos rozan a los niños y viene ese sentir de saberse dividido y no tener la forma de expresarlo, cuando los padres no consiguen ponerse de acuerdo en las versiones que dan sobre su separación, en las visitas, en el estilo de crianza, en los gustos, en el espacio educativo, en el hilo de comunicación que ofrecen. Los niños se sienten desleales, aunque no logran dar un nombre certero al sentir y es el ingrediente que detona el Síndrome de Salomón o niño partido en dos, cuando se hace presente el niño puede desmejorar su rendimiento académico, se muestra muy apático o muy ansioso, hiperactivo, reactivo a nivel emocional, hostil al responder, acelerado para realizar actividades, puede incluso dañar sus cosas, necesita llamar la atención, necesita expresarse, necesita un nombre para el caos y no lo encuentra porque sólo está manifestando el sentir del campo de batalla que diseño con esmero papá y mamá.

Hace unos meses un niño de 8 años, hijo de alguien a quien estimo mucho me dijo; “por fin papá y mamá ya no viven juntos y soy tan feliz porque ahora sí hacemos cosas divertidas, ahora mamá sonríe tan bonito y mi papá juega todo el día conmigo en la play y me llama cada día que no nos vemos, papá ya no grita y mamá ya no llora” Le pregunte; “Eres feliz” me dijo; “ahora sí Cari, me siento muy feliz porque, aunque no estamos juntos puedo llegar a casa sin miedo de que van a pelear” Analice todo lo que me dijo e internalice que la Psicología es perfecta, el ser humano desde que es una pelotita en el vientre de mamá percibe su entorno, desde la panza escuchamos y sentimos, subestimamos demasiado a los niños y creo que serían mejores dirigiendo este mundo que los adultos, porque ellos sí conocen y viven la palabra valor.

Nos cuesta hacer consciencia de que no nos destruye otro ser humano, nos destruimos nosotros mismos, suprimiendo nuestra dignidad, aplastando nuestro valor con el peso de la tristeza, cuando alguien elije irse de nuestra vida, el gran desafío; es agradecer porque en medio de la turbulencia la vida nos está preparando para experiencias más intensas y plenas. Llegar a este nivel de consciencia es el resultado de un disciplinado y comprometido trabajo en psicoterapia, esto no se logra de la noche a la mañana, te lo garantizó yo que alguna vez invalide mi sentir, suplique, me di el permiso para destruirme, entregue mi voluntad a otro ser humano, viví mi duelo y me levante, porque lo más satisfactorio que tiene la vida es mirar atrás y con el corazón rellenito de perdón agradecer las experiencias triviales, esas que nos hacen crecer de distintas formas, todos hemos vivido en diversos espacios el Síndrome de Salomón, en algún momento nos hemos sentido partidos en dos, duele, ahoga, quema, genera ansiedad, nos detiene, nos nubla la mente, imagínense ese sentir en un niño o en un adolescente.

Tu hijo no es “trofeo o un escudo” en un campo de batalla sin sentido, tu hijo sentirá que debe partirse en todo sentido para agradar a Mamá a su forma y estilo y para agradar a Papá y aprobar sus juicios, cada uno en su propia trinchera, cada uno preparando su mejor arma y cuando atacas lástimas a tu hijo de cualquier forma.

Seamos responsables y maduros con nuestra vivencia, si me traicionaron, debo hacerme consciente de que ese ticket es mío, no de mi hij@, mantengamos a los niños alejados de pleitos, riñas, peleas y caos. Respetemos su derecho a amar a papá y a mamá desde su sentir más puro y leal. Seamos los principales cuidadores de nuestra salud mental y bienestar emocional, desde esa asertiva elección vamos entonces a cuidar de nuestros pequeños de forma integral.

Demos el paso, evitemos partir a nuestros niños desde nuestro libro de vida, sí les corresponde sentirse partidos que sea por su elección, porque así está escrito en su destino y no porque imponemos nuestra voluntad. Cuando nuestros hij@s estén partidos por cualquier circunstancia, seamos compañía bonita desde nuestro más profundo amor, aceptación, reconocimiento y respetando su decisión.

Sí estoy en medio de un proceso de separación y desconozco cómo manejar la situación de forma asertiva conmigo mismo y con mis hijos, busquen el acompañamiento y orientación profesional, evitemos subestimar las situaciones, elegir asistir al psicólogo y al psiquiatra es tan importante como alimentarnos cada día.

Un abrazo, gracias por leer hasta aquí.

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